viernes, 28 de enero de 2022

Rafael Alberti. Sobre los ángeles

LOS ÁNGELES DE LAS RUINAS

Pero por fin llegó el día, la hora de las palas y los cubos.

No esperaba la luz que se vinieran abajo los minutos

porque distraía en el mar la nostalgia terrestre de los ahogados.

Nadie esperaba que los cielos amanecieran de esparto

ni que los ángeles ahuyentaran sobre los hombres astros de cardenillo.

 

Los trajes no esperaban tan pronto la emigración de los cuerpos.

Por un alba navegable huía la aridez de los lechos.

 

Se habla de la bencina,

de las catástrofes que causan los olvidos inexplicables.

Se murmura en el cielo de la traición de la rosa.

Yo comento con mi alma el contrabando de la pólvora,

a la izquierda del cadáver de un ruiseñor amigo mío.

No os acerquéis.

 

Nunca pensasteis que vuestra sombra volvería a la sombra

cuando una bala de revólver hiriera mi silencio.

Pero al fin llegó ese segundo,

disfrazado de noche que espera un epitafio.

La cal viva es el fondo que mueve la proyección de los muertos.

 

Os he dicho que no os acerquéis.

Os he pedido un poco de distancia:

la mínima para comprender un sueño

y un hastío sin rumbo haga estallar las flores y las calderas.

 

La luna era muy tierna antes de los atropellos

y solía descender a los hornos por las chimeneas de las fábricas.

Ahora fallece impura en un mapa imprevisto de petróleo,

asistida por un ángel que le acelera la agonía.

Hombres de cinc, alquitrán y plomo la olvidan.

 

Se olvidan hombres de brea y fango

que sus buques y sus trenes,

a vista de pájaro,

son ya en medio del mundo una mancha de aceite,

limitada de cruces por todas partes.

Se han olvidado.

 

Como yo, como todos.

Y nadie espera ya la llegada del expreso,

la visita oficial de la luz a los mares necesitados,

la resurrección de las voces en los ecos que se calcinan.

 

 

miércoles, 26 de enero de 2022

Rabindranath Tagore. Gitánjali

1

Fue tu voluntad hacerme infinito. Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida.

Tú has llevado por valles y colinas esta flautilla de caña, y has silbado en ella melodías eternamente nuevas.

Al contacto inmortal de tus manos, mi corazoncito se dilata sin fin en la alegría, y da vida a la expresión inefable.

Tu dádiva infinita sólo puedo recoger­la con estas pobres manitos mías. Y pasan los siglos, y tú sigues derramando, y siempre hay en ellas sitio que llenar.

2

Cuando tú me mandas que cante, mi corazón parece que va a romperse de orgullo. Te miro y me echo a llorar.

Todo lo duro y agrio de mi vida se me derrite en no sé qué dulce melodía, y mi adoración tiende sus alas, alegre como un pájaro que va pasando la mar.

Sé que tú complaces en mi canto, que sólo vengo a ti como cantor. Y con el fle­co del ala inmensamente abierta de mi canto, toco tus pies, que nunca pude creer que alcanzaría.

Y canto, y el canto me emborracha, y olvido quien soy, y te llamo amigo, a ti que eres mi señor.

 

lunes, 24 de enero de 2022

Laura Yasan. Tracción a sangre

 
cargo en mi cuerpo una mujer inválida que baila cuando duerme
trenza el cabello blanco de la muerte para ganarse su favor
como una novia ciega que deba conformarse
con la corta memoria de sus dedos
            despierta cuando miente
lleva un cascote atado a la correa de la lengua
va removiendo un surco tras de mí
una continuación que me persigue como una cola de chatarra
            se enciende cuando callo
cargo su enfermedad en la penumbra de mis huesos
            su equipaje de anemia
            su andamiaje de circo
la quiero al otro lado pero el puente se ha roto
la primera mitad no le interesa
la segunda es negada
vuelvo sobre sus pasos cada noche
para ocultar la huella cada día
como el guardián de un ancla que se oxida
un perro encadenado a un desierto de vidrio
lamiéndose la sombra