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sábado, 19 de noviembre de 2022

Santos Domínguez. Nueve de lunas

SISTEMA PERIÓDICO

 

Como en una columna de basalto o de humo

se contiene la suma concreta de los días,

como en el horizonte

naufragan los minutos que han caído en la arena,

con óxido y penumbra, así la alta cosecha,

así los años áridos de las calcinaciones.

 

Como iban a su afán los menestrales

y hacia la plenitud del trigo en los sembrados

iban los campesinos

con los primeros toques de campana

desde un convento en sombras,

con el canto del cuco como una noria lenta.

Así las altas horas de la tarde.

 

Nunca acaba la luz de retirarse.

Desde su luz oblicua persiste en la memoria

la campana remota. Sigue tocando a vísperas.

Nunca en propicio afán remata el día

su costumbre sonora,

la altanera constancia de sus torres ardientes

o el vuelo de los pájaros en la cornisa azul

del viento largo y lento de la tarde.

 

Luego, pavesas ya, parva de mieses,

la tarde se hundirá debajo de sus huellas,

debajo del sudor primario y jornalero

y tú estarás aquí, sin reino y sin ruido,

mirando el pozo blanco de albayalde y acónito

en los primeros surcos

tomados por la noche y sus indicios.

 

Pródigo en ruinas, ávido

de extinciones, naufragios y lucernas,

el tiempo ha ido ganando

los viejos miradores de la desolación. 

 

 

viernes, 30 de septiembre de 2022

Santos Domínguez. La vida navegable

 
Caspar David Friedrich
 
Todo es frágil aquí, todo es niebla de asombro
bajo el silencio blanco de la nieve
o en el abismo azul de los acantilados.
 
Como un pájaro herido,
la lluvia se ha posado mansamente
en la orilla del mar.
Su música de sombra silenciosa
desciende blanda y tibia
a la arena sin pájaros.
 
Desciende blanda y tibia
desde este cielo turbio al turbio mar sin peces
y allí se desdibuja,
se disuelve en el agua
de otro mar más profundo sin temblor ni oleaje.
 
En la precaria orilla, sobre una leve duna
soy un cuerpo en penumbra, una interrogativa
silueta que contempla el horizonte incierto,
perplejo frente al mar vacío de veleros.
 
Y pienso en el desorden nevado de la muerte.
 
 

jueves, 11 de agosto de 2022

Santos Domínguez. En un bosque extranjero

 
                               En donde se confunden la lluvia y los ausentes.
                                                                                                                            Pablo Neruda
 
 
Bajo el metal, bajo las hojas secas,
bajo ríos minerales de pedernales fríos,
simulan las raíces del transcurso
su emblema subterráneo,
la minuciosa trampa en su fragua silenciosa.
 
Y la sangre del barro litoral y salitre
esparce por el campo sereno de la muerte
densidades de plomo y peso de mercurio.
 
Desata allí la curva de algún veneno lento,
en donde el remolino desordena con saña
la tarde monográfica del sapo,
con la astucia del tigre y el miedo de los bueyes.
 
Cuando la vida vive su estirpe de ceniza,
se ajusta en el circuito binario de la sangre
su oscuro mecanismo de válvulas y émbolos
con lítote de océanos, su azul desesperado
en proyectos de sombra, sus ríos contenidos.
 
Encarnizadamente acecha la vigilia
para entrar en la noche,
para entrar en el verso como se entra en un bosque
extranjero y oscuro, en un suelo calcáreo,
con la antorcha indecisa de la palabra que arde
e ilumina la noche elemental del grillo.
 
Insiste en las espumas de la noche oceánica
su amenaza de esquifes y afilados moluscos.
 
Afina el diapasón la luz de los planetas,
el ritmo universal de esferas y silencios,
la cifra telegráfica del cielo con estrellas.
 
Pero entrevés un fuego, una hoguera en la orilla,
una luz que te llama a la almendra del bosque.
Ves señal de altas torres y de oscuras celadas
en la voz incoada, en la luz transitiva.
 
Cuando entras en el bosque, como ahora en este libro,
te llaman los paisajes de los cuentos de invierno
y ves en esa llama la luz que tú no tienes,
el indicio de todo lo que te es necesario
y en su sintaxis limpia, el orden de las cosas:
el vuelo de los pájaros, la luna en las palmeras,
el viento en la azotea y en el álamo oscuro.
 
Tú, lector, mon semblable, semejante a mí mismo,
semejante a la noche, parecido a la llama,
acompasa tu pulso, acomoda tu empeño
a la respiración sorda de las mareas
y deja que te empape,
como lluvia de abril en los campos templados,
el concierto confuso que estas voces convocan.