martes, 13 de septiembre de 2022

Biblioteca. Cuento


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 31 de agosto de 2022

Eliseo Diego. Por los extraños pueblos

 
 
I
 
Vamos a pasear por los extraños pueblos
ungidos con la sombra leve de los jazmines
y el olor de la noche como un recuerdo.
 
Despacio iremos entre los almacenes de su vida,
los de canosas tejas soñándonos el aire,
las meditadas nubes, las palomas oscuras y tranquilas.
 
Quien ha dicho: la tarde viene de pronto como la tristeza
cuando colma el pecho del hombre como un antiguo himno,
así la tarde crecía en sus iglesias.
 
Camino desolado, tú, el que cruza los umbrosos
y gigantescos árboles, aligera tu marcha, pues el campo
a esta hora trae sus miedos, sus criaturas de queja.
 
II
 
Si nunca vieron el mar en este pueblo.
 
Nunca vieron el mar, aquí la noche
de flancos espinosos y fatales
y el aroma profundo de la seca.
 
Las mamparas ocultas, las moradas,
miran a solas la penumbra vieja
y en la penumbra el jarro de florones mustios.
 
Y el humo acre silencioso llega
enredándose ágil por las vigas
del portal que sereno los acoge.
 
Más allá de las tablas y los plátanos,
al otro lado recio de la tierra
está la noche desvelada y pura.
 
Y es el humo de casa lo que vieron.
 
III
 
Más lejanos a veces que los augustos árboles
frescos de la penumbra que reúnen las aguas
en sus parques ocultos, son los pueblos.
 
De los sedientos muros militares, erguidos
a la orilla misteriosa del campo, trémulo
de sequedad antigua y verde marejada.
 
Qué inquietud daba siempre
la silenciosa playa de intemperie
donde termina, qué despacio, el pueblo solo!
 
Ceiba distante, barco, deshabitada, libre,
a quien rozan las nubes con difícil espuma,
te despojas del tiempo como de un traje usado.
 
En tanto escuchamos las profecías de las aguas
dichas por viejas españolas mágicas
y recelamos de la noche, de su purpúrea jiba y oleaje.
 
Vamos a pasear por los extraños pueblos.


martes, 23 de agosto de 2022

Oliverio Girondo. Persuasión de los días

 
Este clima de asfixia que impregna los pulmones
de una anhelante angustia de pez recién pescado.
Este hedor adhesivo y errabundo,
que intoxica la vida
y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo.
Este miasma corrupto,
que insufla en nuestros poros
apetencias de pulpo,
deseos de vinchuca,
no surge,
ni ha surgido
de estos conglomerados de sucia hemoglobina,
cal viva,
soda cáustica,
hidrógeno,
pis úrico,
que infectan los colchones,
los techos,
las veredas,
con sus almas cariadas,
con sus gestos leprosos.
 
Este olor homicida,
rastrero,
ineludible,
brota de otras raíces,
arranca de otras fuentes.
 
A través de años muertos,
de atardeceres rancios,
de sepulcros gaseosos,
de cauces subterráneos,
se ha ido aglutinando con los jugos pestíferos,
los detritus hediondos,
las corrosivas vísceras,
las esquirlas podridas que dejaron el crimen,
la idiotez purulenta,
la iniquidad sin sexo,
el gangrenoso engaño;
hasta surgir al aire,
expandirse en el viento
y tornarse corpóreo;
para abrir las ventanas,
penetrar en los cuartos,
tomarnos del cogote,
empujarnos al asco,
mientras grita su inquina,
su aversión,
su desprecio,
por todo lo que allana la acritud de las horas,
por todo lo que alivia la angustia de los días.