lunes, 10 de enero de 2022

Blas de Otero. Ancia

HOMBRE

 

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,

al borde del abismo, estoy clamando

a Dios. Y su silencio, retumbando,

ahoga mi voz en el vacío inerte.

 

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte

despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo

oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando

solo. Arañando sombras para verte.

 

Alzo la mano, y tú me la cercenas.

Abro los ojos: me los sajas vivos.

Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

 

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.

Ser —y no ser— eternos, fugitivos.

¡Ángel con grandes alas de cadenas!

 

 

sábado, 8 de enero de 2022

Juan Gelman. Velorio del solo

ARTE POÉTICA

 

Entre tantos oficios ejerzo este que no es el mío,

como un amo implacable

me obliga a trabajar de día, de noche,

con dolor, con amor,

bajo la lluvia, en la catástrofe,

cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,

cuando la enfermedad hunde las manos.

 

A este oficio me obligan los dolores ajenos,

las lágrimas, los pañuelos saludadores,

las promesas en medio del otoño o del fuego,

los besos del encuentro, los besos del adiós,

todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

 

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos

rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

 

 

jueves, 6 de enero de 2022

Santos Domínguez. Teoría del horizonte

 
Sobre un fondo de almagres de Pompeya,
sobre el incandescente color de los incendios
que aquí, en los frescos, arde,
anticipa esta luz sus propias destrucciones.
Sobre ese fondo almagre han empezado a alzarse
los días eruptivos del volcán,
con su lluvia de fuego y su lengua de lava.
El mundo queda atrás,
en los misterios órficos y en sus apartamientos,
en la luz transparente de la villa iniciática,
en el aliento frío que la pared desprende
al fondo de estos cuerpos calientes y secretos.
Ardiente y lentamente, va arrasando su cauce
los cuerpos en escorzo, la sucesión de vértebras
y aquellos corazones abiertos al misterio
donde encendió sus piras la liturgia
o levantó las alas un pájaro de hielo.
Corona, mirto y túnica, sin que lo viera nadie,
reptaba sucesivo el frío de la serpiente
desde la oscura selva que tutelaba un fauno.
Por esa herida abierta en la que el tiempo pone
la lepra contagiosa de sus manos,
los huevos insidiosos de sus declinaciones,
huye con una lámpara
el ángel femenino de las sombras.
Los contempla sereno un Cupido que apoya
la barbilla infantil en su mano de sombra,
mientras en la otra mano está en reposo un arco.
Es el ángel hermético
la máscara terrible de las calcinaciones,
es el tiempo impasible
que le cubrió de fuego la cabeza.
Ya sólo ese Cupido les observa
con mirada aburrida, flexionada una pierna
sobre la rama verde del laurel de los mitos.
Desde otra selva oscura
¿qué ángeles invisibles nos estarán mirando
igual de indiferentes, igual de imperturbables?
 
 

miércoles, 5 de enero de 2022

Juan Gelman. Gotán

GOTÁN

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,

desde la nuca le subía un encanto particular,

una especie de olvido donde guardar los ojos,

esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

 

Atención atención yo gritaba atención

pero ella invadía como el amor, como la noche,

las últimas señales que hice para el otoño

se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

 

Dentro de mí estallaron ruidos secos,

caían a pedazos la furia, la tristeza,

la señora llovía dulcemente

sobre mis huesos parados en la soledad.

 

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,

con un cuchillo brusco me maté,

voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,

él moverá mi boca por la última vez.