martes, 22 de marzo de 2022

Santos Domínguez. Para explicar la nieve

 
La noche que no es más que noche no la conozco ya.
O. Elytis


Para explicar la nieve, 
muchas noches regresan, turbios y perentorios,
los dones dolorosos del recuerdo.
Bajo un dintel violento, su sustancia invisible
convoca una batalla sin fecha y sin banderas.
 
Con colmillos urgentes, con rabia y sin sosiego,
un perro de arrabal desgarrará en las sombras
la flor negra del tiempo que alimenta en silencio
un secreto lugar de un corazón remoto.
 
Con un candil de escarcha, 
con un cristal de sombra y lágrimas oscuras,
la música invisible de las fuentes
cesa en los frutos vanos de la noche
y el pasmo de la hora decora mi extravío
sobre el silencio blanco de los muros sin sueño.
 
Como un aceite espeso,
desde el cielo oriental va extendiendo la noche
su máscara eficiente 
y un resplandor de enigma crece tras los espejos
y en las sienes oscuras del gemido y la fiebre.
 
Herido por el humo, de los álamos vengo.
 
 

jueves, 17 de marzo de 2022

Pablo Neruda. Residencia en la tierra

WALKING AROUND

Sucede que me canso de ser hombre.     

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro

navegando en un agua de origen y ceniza.

 

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.

Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,

sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,

ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

 

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas

y mi pelo y mi sombra.

Sucede que me canso de ser hombre.

 

Sin embargo sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado

o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.

Sería bello

ir por las calles con un cuchillo verde

y dando gritos hasta morir de frío.                           

 

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,

vacilante, extendido, tiritando de sueño,

hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, 

absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

 

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba,

de subterráneo solo, de bodega con muertos,

aterido, muriéndome de pena.

 

Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

 

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,

a hospitales donde los huesos salen por la ventana,

a ciertas zapaterías con olor a vinagre,

a calles espantosas como grietas.

 

Hay pájaros de color azufre y horribles intestinos

colgando de las puertas de las casas que odio,

hay dentaduras olvidadas en una cafetera,

hay espejos

que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,

hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

 

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,

con furia, con olvido,

paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,

y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:

calzoncillos, toallas y camisas que lloran

lentas lágrimas sucias.