sábado, 4 de junio de 2022

César Vallejo. España, aparta de mí este cáliz

XV. ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ

 

Niños del mundo,

si cae España digo, es un decir

si cae

del cielo abajo su antebrazo que asen,

en cabestro, dos láminas terrestres;

niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!

¡qué temprano en el sol lo que os decía!

¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!

¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

 

¡Niños del mundo, está

la madre España con su vientre a cuestas;

está nuestra maestra con sus férulas,

está madre y maestra,

cruz y madera, porque os dio la altura,

vértigo y división y suma, niños;

está con ella, padres procesales!

 

Si cae digo, es un decir si cae

España, de la tierra para abajo,

niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!

¡cómo va a castigar el año al mes!

¡cómo van a quedarse en diez los dientes,

en palote el diptongo, la medalla en llanto!

¡Cómo va el corderillo a continuar

atado por la pata al gran tintero!

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena!

Niños,

hijos de los guerreros, entretanto,

bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo

la energía entre el reino animal,

las florecillas, los cometas y los hombres.

¡Bajad la voz, que está

con su rigor, que es grande, sin saber

qué hacer, y está en su mano

la calavera hablando y habla y habla,

la calavera, aquella de la trenza,

la calavera, aquella de la vida!

 

¡Bajad la voz, os digo;

bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto

de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún

el de las sienes que andan con dos piedras!

¡Bajad el aliento, y si

el antebrazo baja,

si las férulas suenan, si es la noche,

si el cielo cabe en dos limbos terrestres,

si hay ruido en el sonido de las puertas,

si tardo,

si no veis a nadie, si os asustan

los lápices sin punta, si la madre

España cae digo, es un decir

salid, niños del mundo; id a buscarla!…

 

 

domingo, 29 de mayo de 2022

César Vallejo. Trilce

 
Las personas mayores
¿a qué hora volverán?
Da las seis el ciego Santiago,
y ya está muy oscuro.
 
Madre dijo que no demoraría.
 
Aguedita, Nativa, Miguel,
cuidado con ir por ahí, por donde
acaban de pasar gangueando sus memorias
dobladoras penas,
hacia el silencioso corral, y por donde
las gallinas que se están acostando todavía,
se han espantado tanto.
Mejor estemos aquí no más.
Madre dijo que no demoraría.
 
Ya no tengamos pena. Vamos viendo
los barcos ¡el mío es más bonito de todos!
con los cuales jugamos todo el santo día,
sin pelearnos, como debe ser:
han quedado en el pozo de agua, listos,
fletados de dulces para mañana.
 
Aguardemos así, obedientes y sin más
remedio, la vuelta, el desagravio
de los mayores siempre delanteros
dejándonos en casa a los pequeños,
como si también nosotros
                                   no pudiésemos partir.
 
Aguedita, Nativa, Miguel?
Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.
No me vayan a haber dejado solo,
y el único recluso sea yo.
 
 

domingo, 22 de mayo de 2022

Olga Orozco. Las muertes

CARINA

 

Yo morí de un corazón

hecho cenizas.

Crommelynck, Carina

 

Adiós, gacela herida.

Tu corazón manando dura nieve es ahora más frío que la corola abierta en la escarcha del lago.

Déjame entre las manos el último suspiro

para envolver en cierzo el desprecio que rueda por mi cara,

el asco de mirar la cenagosa piel del día en que me quedo.

Duerme, Carina, duerme,

allá, donde no seas la congelada imagen de toda tu desdicha,

ese cielo caído en que te abismas cuando muere la gloria del amor,

y al que la misma muerte llegará ya cumplida.

Tu soledad me duele como un cuerpo violado por el crimen.

Tu soledad: un poco de cada soledad.

No. Que no vengan las gentes.

Nadie limpie su llanto en el sedoso lienzo de tu sombra.

¿Quién puede sostener siquiera en la memoria esa estatua sin nadie donde caes?

¿Con qué vano ropaje de inocencia ataviarían ellos tu salvaje pureza?

¿En qué charca de luces mortecinas verían esconderse el rostro de tu amor consumido en sí mismo como el fuego?

¿Desde qué innoble infierno medirían la sagrada vergüenza de tu sangre?

Siempre los mismos nombres para tantos destinos.

Y aquel a quien amaste,

el que entreabrió los muros por donde tu pasado huye sin detenerse como por una herida,

sólo puede morder el polvo de tus pasos,

y llorar, nada más que llorar con las manos atadas,

llorar sobre los nudos del arrepentimiento.

Porque no resucitan a la luz de este mundo los días que apagamos.

No hablemos de perdón. No hablemos de indulgencia.

Esos pálidos hijos de los renunciamientos,

esos reyes con ojos de mendigo contando unas monedas en el desván raído de los sueños,

cuando todo ha caído

y la resignación alza su canto en todos los exilios.

Duerme, Carina, duerme,

triste desencantada,

amparada en tu muerte más alta que el desdén,

allá, donde no eres el deslumbrante luto que guardas por ti misma,

sino aquella que rompe la envoltura del tiempo

y dice todavía:

Yo no morí de muerte, Federico,

morí de un corazón hecho cenizas.