miércoles, 27 de julio de 2022

Antonio Machado. Campos de Castilla

 
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
 
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
 
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
 
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
 
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
 
 

viernes, 22 de julio de 2022

Carlos María Gutiérrez. Diario del cuartel

PRIMER DISCURSO DE ADÁN

 

Para Ducho

  

El jadeo de alguien que trabajaba por fin se ha detenido

convalezco de espaldas en el barro

pero hay que hallar la forma de saber quiénes cómo

encontrar ese rastro que dejamos una vez no sé cuándo

el que lleva hacia el fuego de los hornos

todavía nos guardan hostiles la sombra y el silencio

tú sangras y estás húmeda

a mí me hicieron débil e ignorante

siempre es de noche

alguien espera cerca

demorando la invención del amor porque nos odia

 

no lo juzgues

es torpe

sin pareja

le duele la cabeza y siente envidia

sólo sabe ser cruel

no le explicaron nunca para quién trabajaba o para qué

tiene un oficio sucio andar con barro construir desdichados

y aunque se sienta un dios es un simple emisario

somos su tentación y tendrá que mirar

recibió órdenes

 

créeme naceremos

ten confianza

ya nos han condenado

el aliento que entró por tu nariz era el espanto

y quien se aproximó a soplar era la Muerte

 

entiende esto

jugaremos el juego de un idiota

y hay dos reglas

la primera creer que estamos vivos

la segunda él siempre gana

luego empieza otra vez y así por siempre

no sé bien los detalles desde luego pero no es juego limpio

el idiota hace trampa y se equivoca

su diversión su error consiste en esa idea

de que todo es dolor y no termina

 

aprenderé de prisa lo prometo

no te avergüences tenemos poco tiempo

todo está por hacer y ésa es nuestra tarea

simular que jugamos

crearlo todo

 

no puedes verme porque aún no nos mira

yo he desobedecido

con los ojos abiertos estoy reconociéndote porque te conocía

si te describo puedo revelarte el principio del mundo

empiezo a amarte

es mi primera arma

 

te sé desnuda y tienes mi estatura

tus cabellos son negros

las lágrimas resbalan de tus párpados cerrados y sombríos

ahora me has oído y te cubres los senos con las manos

pero hilos de leche brotan entre tus dedos

tu boca puede hablar y me sonríe

tienes los pies pequeños

te recorren el cuerpo extraños signos dibujados con barro

y con mi sangre

que leeré cuando estemos al resplandor del fuego

son todas las instrucciones necesarias

 

aquí es de noche ahora aunque siempre es de noche

tú no puedes saberlo todavía

pero estamos de pie vamos hacia los hornos

siento a veces tu mano en las tinieblas

rozándome sin miedo

con amor

quiero decir ya caminamos juntos ya nacimos

 

 

miércoles, 20 de julio de 2022

Elvio Romero. Días roturados

 
 
Ved, amigos; decidme, decidme, mis amigos,
si visteis el carbón fulgiendo en brasas,
o el corazón de fuego de los sacrificados
que hoy, nocturnos, trajinan en luciérnagas,
o van desparramados por páramos ardientes
como una marejada de rota alfarería.
 
Ved; decidme, pronunciad la palabra
que diga que os mordían la soledad, la niebla,
cuando el clavel sonoro combatía al martirio
ansiando ser fusil, lágrima, canto,
permanencia orgullosa de metales boreales,
sabiendo que el amargo paso de los verdugos
llegaba al territorio de la flor y el naranjo.
 
Ved; decidme si os quebraban la calma
los filos que insultaban al rocío,
a la noche aterida de los indios plasmados
en círculos antiguos de triturada arena;
o bien, sencillamente, que andaban caminando
por las viejas aldeas con sol y labradores,
para enredar al huso tradicional los hilos
del luto y su ceniza sofocada.
 
Quiero que habléis. Decidme
si alguna vez mirasteis al agua combatiendo,
o si sabéis de cierto por qué la tierra un día
se llenó de dulzura, de fulgor, de morada incendiada
y levantó sus puños de torrenciales vínculos
y colosos titanes de su entraña salieron.
 
Ese día mi pueblo se vistió de diamante,
destacando su estampa de enardecido roble;
los tambores, en sombra, sonaban sus augurios
en una noche indígena de luna y poderío;
y rebeldes diademas de valor daban rumbos
a quienes conducían el trueno rescatado,
para amarrar la furia de los torpes verdugos
que buscaban los ámbitos de su propio naufragio.
 
Recordaré esta noche,
todas las nuevas noches que huelan al perfume
que emana del caído caudal de nuestros mártires;
recordaré la púrpura golpeada
en tanto que en las balas calcinadas ardían
remansos poderosos de calcárea fuerza.
 
Decidme, mis amigos, si recordáis al pueblo;
descended al relente
que sube del quebranto manantial de los héroes,
y sabed que ellos mismos reparten a puñados
nuestro cristal bravío.